A medida que nuestros hijos e hijas pasan de la infancia a la edad adulta, empiezan a comprender los altibajos y los matices tanto de la vida como de las relaciones. Mientras navegamos por nuestra propia vida y nuestras relaciones, los padres nos enfrentamos a retos de todo tipo. Si vemos los problemas difíciles como oportunidades para encontrar mejores soluciones, si nos comprometemos a hacer lo que haga falta, si tenemos fe, aprovecharemos el poder de una actitud positiva ante la adversidad. Si predicamos con el ejemplo, las palabras de sabiduría que compartamos con nuestros hijos tendrán más peso. Al enseñarles a caminar en la luz, esperamos que imiten en su propia vida lo que observan en la nuestra.

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