Al educar a nuestros hijos, uno de nuestros deberes paternales es ayudarles a evitar hábitos que atenten contra su interés superior. Debemos ayudar a nuestros hijos a reconocer el poder de sus pensamientos, que establecen sus actitudes y luego trascienden en palabras y acciones. Día tras día, nuestras acciones establecen nuestros hábitos, que establecen nuestro carácter, que marca el rumbo de nuestro destino.

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